Ana la de Ingleside

Ana la de Ingleside

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—¿Y si se la comieron las ratas? —sugirió Di.

Jem se burló de la idea pero lo preocupó. Claro que las ratas no pueden comerse un cerdito de hojalata con cincuenta monedas dentro. ¿O sí pueden?

—No, no, querido. Tu hucha aparecerá —lo tranquilizó mamá.

No había aparecido cuando Jem fue a la escuela al día siguiente. La noticia de la pérdida llegó a la escuela antes que él, y sus compañeros le dijeron muchas cosas, no exactamente de consuelo. Pero en el recreo Sissy Flagg se pegó a él para congraciarse. A Sissy Flagg le gustaba Jem, y a Jem no le gustaba Sissy Flagg, a pesar de —o tal vez a causa de— sus espesos rizos amarillos y sus inmensos ojos castaños. Incluso a los ocho años, uno puede tener problemas relacionados con el otro sexo.

—Yo puedo decirte quién tiene tu hucha.

—¿Quién?

—Tienes que elegirme a mí para «Clap-in and Clap-out»[2] y te lo diré.

Era un trago amargo pero Jem lo ingirió. ¡Cualquier cosa para encontrar su hucha! Sufrió una agonía de rubores sentado junto a una triunfante Sissy mientras los dos jugaban, y cuando sonó la campana, él pidió su recompensa.


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