Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Ah, bueno, la cosa es que el pobre de Anthony se murió. «Me voy contento y en paz», fue todo lo que dijo pero sonrió al final, mirando al techo, no a mí ni a Seraphine. Me alegro tanto de que fuera tan feliz justo antes de morirse. Hubo momentos en que pensé que quizá no era feliz, señora Blythe, era tan impresionable y sensible. Pero estaba realmente noble y sublime en el cajón. Tuvimos un funeral espléndido. Fue un día hermoso. Lo enterramos con carretillas de flores. Yo casi me desmayo al final pero por lo demás todo salió de mil maravillas. Lo enterramos en el cementerio de Lower Glen, a pesar de que toda su familia está enterrada en Lowbridge. Pero él había elegido su tumba hace mucho tiempo, dijo que quería ser enterrado cerca de su granja y donde pudiera oír el mar y el viento en los árboles… hay árboles por tres costados en ese cementerio, sabe. Yo también me alegré, siempre me pareció un cementerio muy bonito, y podemos plantar geranios en la tumba. Era un buen hombre… lo más probable es que ahora esté en el cielo, por eso no se preocupe. Siempre pienso que ha de ser difícil escribir un pangenírico cuando no se sabe dónde está el fallecido. ¿Puedo contar con usted, entonces, señora Blythe?
Ana accedió, presintiendo que la señora Mitchell se quedaría sentada allí sin parar de hablar hasta que ella accediera. Con otro suspiro de alivio, la señora Mitchell logró levantar su humanidad de la silla.