Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Cavadla donde puedan los vientos soplar
suaves y hondos entre las ramas de los pinos,
y donde, a través de los prados del levante,
llegue el murmullo del mar.
Y las gotas de la lluvia al caer
arrullen suavemente su sueño.
Cavadla donde los amplios valles
se extiendan, verdes, alrededor.
En tierras labrantías se posó su planta,
y trebolares del poniente su pie holló.
En prados lozanos y en flor anduvo
y allí antaño árboles plantó.
Cavadla donde las estrellas
estén siempre cerca
y la gloria del sol se recueste
y se prodigue sobre su lecho.
Donde los húmedos pastos abriguen
tiernamente su sueño.
Pues estas cosas le fueron caras
a través de tantos y tan vividos años,
debe la gracia de estas mismas cosas
adornar su lugar de descanso,
y así el murmullo del mar
será por siempre su canto fúnebre.