Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —¿No quisiera quedarse a cenar con nosotros? —preguntó Ana—. Susan y yo estamos solas… el doctor no está y los niños tienen su primera cena en el Pozo.
—No tengo inconveniente —dijo la viuda de Anthony, dejándose caer otra vez y con mucho gusto en su silla—. Me gustarÃa quedarme un rato más. No sé por qué una tarda tanto en descansar cuando envejece. —Y agregó, con una sonrisa de soñadora beatitud en su rostro sonrosado—: ¿Verdad que lo que huelo son zanahorias fritas?
Ana casi lamentó lo de las zanahorias fritas cuando salió el Daily Enterprise a la semana siguiente. AllÃ, en la columna de los panegÃricos, estaba La tumba del anciano… ¡con cinco estrofas en lugar de las cuatro originales! Y la quinta estrofa decÃa:
Un maravilloso esposo, compañero y ayuda,
alguien mejor que él no ha hecho el Señor,
un maravilloso esposo, tierno y veraz.
¡Uno en un billón, querido Anthony, fuiste tú!
—¡¡¡!!! —dijo Ingleside.