Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Susan, tengo que encontrar al sapo —dijo Walter con desesperación—. Susan, piensa cómo te sentirÃas sin tu esposo, si lo tuvieras.
—¿De qué recórcholis estás hablando? —preguntó la comprensiblemente azorada Susan.
En ese punto, el sapo caballero, que evidentemente se habÃa tenido por perdido cuando Susan apareció en escena, saltó desde detrás del barril de pepinos en vinagre de Susan. Walter se le echó encima y lo sacó por la ventana donde se espera que se haya reunido con su supuesto amor y haya vivido feliz para siempre.
—Sabes que no tienes que traer a esos animales al sótano —dijo Susan, firme—. ¿Qué van a comer?
—Yo iba a cazarles insectos, ¿qué te imaginas? —dijo Walter, ofendido—. QuerÃa estudiarlos.
—Sencillamente no se puede con ellos —gimió Susan mientras subÃa las escaleras detrás de un joven Blythe muy indignado. Y no se referÃa a los sapos.