Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Porque un perro no podÃa ser otra cosa que un perro —dijo papá, sonriendo—. ¿No te parece?
Jem estaba demasiado excitado para dormir esa noche. Nunca habÃa visto a un perro que le gustara tanto como Bruno. Con razón Roddy no querÃa separarse de él. Pero pronto Bruno olvidarÃa a Roddy y lo querrÃa a él. SerÃan amigos. DebÃa acordarse de decirle a mamá que le pidiera al carnicero que mandara los huesos.
—Amo a todas las personas y a todas las cosas del mundo —dijo Jem—. Querido Dios, bendice a todos los gatos y los perros del mundo pero especialmente a Bruno.
Por fin, Jem se quedó dormido. Tal vez el perrito que estaba tendido a los pies de la cama, con el hocico entre las patitas estiradas, también durmió… y tal vez no.