Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Di miró la casa de los Penny y experimentó el primer golpe de desilusión. ¿Era ésta la «mansión» de la que había hablado Jenny? Era grande, cierto, y tenía las cinco ventanas salientes, pero pedía a gritos una mano de pintura y gran parte del «artesonado de madera» había desaparecido. La barandilla estaba desvencijada, y lo que en un tiempo había sido un precioso fanal sobre la puerta del frente estaba roto. Las persianas estaban torcidas, había varios paneles de las ventanas hechos con papel de estraza, y el «hermoso bosque de arces» detrás de la casa estaba representado por unos pocos delgados, escuálidos y viejos árboles. Los graneros estaban en un estado deplorable; el patio, lleno de viejas máquinas herrumbradas, y el jardín era una perfecta selva de hierbas. Di nunca había visto un lugar igual en toda su vida, y por primera vez se le ocurrió preguntarse si todas las historias de Jenny serían verdaderas. ¿Podía alguien haberse salvado tantas veces por poco, aunque fuera en el transcurso de nueve años, como decía ella?