Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Un hijo de ella que murió hace cincuenta años —explicó la tÃa Lina—. Estuvo enfermo durante años, antes de morirse, y la abuelita se acostumbró, como quien dice, a que la gente le preguntara por él. Extraña si no le preguntan.
Frente a la puerta del cuarto de la abuelita, Di de pronto retrocedió. Le entró mucho miedo de esa mujer increÃblemente vieja.
—¿Qué te pasa? —preguntó Jenny—. ¡Nadie te va a comer!
—¿Es… vivió de verdad antes del diluvio, Jenny?
—Claro que no. ¿Quién te dijo eso? Pero va a cumplir cien años, si vive hasta su próximo cumpleaños. ¡Vamos!
Di entró, cautelosa. En un dormitorio pequeño y atiborrado de cosas, estaba la abuelita, acostada en una cama inmensa. Su rostro, tremendamente arrugado, parecÃa el de un mono viejo. Escudriñó a Di con ojos hundidos, bordeados de rojo, y dijo:
—Deja de mirarme. ¿Quién eres?
—Es Diana Blythe, abuelita —dijo Jenny… una Jenny algo apaciguada.
—¡Ja! ¡Qué nombre tan rimbombante! Tengo entendido que tienes una hermana muy orgullosa.