Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Nan no es orgullosa —exclamó Di, con un relámpago de carácter. ¿Jenny habÃa estado hablando mal de Nan?
—Eres un poquito impertinente, ¿no te parece? A mà me enseñaron que no se les habla asà a los mayores. Es orgullosa. Cualquiera que camine con la cabeza alta, como me dice la pequeña Jenny que ella camina, es orgullosa. ¡Es una engreÃda! ¡Y no me contradigas!
La abuelita parecÃa tan enfadada, que Di se apresuró a preguntarle cómo estaba de la espalda.
—¿Quién dice que yo tengo espalda? ¡Vaya suposición! Mi espalda es asunto mÃo. ¡Ven… acércate a la cama!
Di se acercó, deseando estar a mil kilómetros de distancia. ¿Qué irÃa a hacerle esta vieja horrible?
La abuelita se arrimó al borde de la cama y puso una mano como una garra sobre los cabellos de Di.
—Medio color zanahoria pero bastante suave. Ese vestido es lindo. Levántatelo y muéstrame la enagua.
Di obedeció, agradeciendo que tenÃa puesta la enagua blanca con la puntilla hecha por Susan. Pero ¿qué familia era ésta donde a una le hacÃan mostrar la enagua?
—Siempre juzgo a las niñas por sus enaguas —dijo la abuelita—. La tuya pasa. Ahora quiero ver los pololos.