Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside La rodearon todos, riendo, parloteando, bromeando, y Susan Baker sonreÃa con mesura detrás de todos. Cada uno de sus hijos tenÃa un ramito recogido especialmente para ella, hasta el pequeño Shirley, con sus dos añitos.
«¡Ah, qué bienvenida! Todo en Ingleside es tan feliz. Es maravilloso pensar que mi familia se alegra tanto de verme».
—Mamá, si te vas otra vez de casa —dijo Jem, con mucha solemnidad—, cogeré apendicitis.
—¿Qué hay que hacer para coger apendicitis? —preguntó Walter.
—¡Shh! —dijo Jem. Le dio un codazo a Walter y murmuró—: Tiene que haber un dolor en algún lugar, yo lo sé, pero sólo quiero asustar a mamá para que no se vaya más.