Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Toda la familia Penny estaba reunida alrededor de la mesa de la cena en la gran cocina. Di no había visto nunca a ninguno de ellos, excepto a la tía Lina, pero, al dirigir una mirada alrededor de la mesa, entendió por qué mamá y Susan no querían dejarla venir. El mantel estaba roto y manchado con viejas manchas de salsa. Los platos eran un muestrario. En cuanto a los Penny, Di nunca se había sentado a la mesa con gente así, y deseó estar a salvo en Ingleside. Pero ahora tenía que aguantar hasta el final.
El tío Ben, como lo llamaba Jenny, se sentó a la cabecera de la mesa. Tenía una barba de un rojo intenso y una cabeza casi calva, con algunas canas. Su hermano soltero, Parker, flaco y sin afeitar, se había sentado en un lugar desde donde pudiera escupir en el cajón de la leña, cosa que hacía a intervalos frecuentes. Los varones —Curt, de doce años, y George Andrew, de trece— tenían ojos celestes, sin brillo, que miraban con agresividad, y se les veía la piel a través de los agujeros de las camisas. Curt, que se había cortado la mano con una botella rota, la tenía vendada con un trapo manchado de sangre. Annabel Penny, de once años, y «Gert» Penny, de diez, eran dos niñas más bien bonitas, de redondos ojos castaños. «Tuppy», de dos años, tenía unos rizos preciosos y mejillas rosadas. Y el bebé, sentado en la falda de la tía Lina, tenía vivaces ojos negros y habría sido adorable, de haber estado limpio.