Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Por algún milagro, la comida era buena y abundante. Di, que tenÃa hambre, habrÃa disfrutado de la comida (aunque odiaba beber de un vaso descascarillado) si hubiera podido estar segura de que estaba limpia, y si todos no se hubieran peleado tanto. Todo el tiempo hubo peleas cruzadas: entre George Andrew y Curt… entre Curt y Annabel… entre Gert y Jen… incluso entre el tÃo Ben y la tÃa Lina. Ellos tuvieron una pelea horrible y se lanzaron las acusaciones más espantosas. La tÃa Lina le echó en cara al tÃo Ben todos los grandes caballeros con los que podrÃa haberse casado, y el tÃo Ben dijo que lamentaba que no se hubiera casado con otro y sà con él.
«¿No serÃa horrible si mi papá y mi mamá se pelearan asÃ? —pensó Di—. ¡Ah, si pudiera estar en casa!».
—No te chupes el pulgar, Tuppy.
Lo dijo sin pensar. Les habÃa costado tanto quitarle a Rilla el hábito de chuparse el pulgar…
De inmediato, Curt se puso rojo de rabia.
—¡Déjalo tranquilo! —gritó—. ¡Puede chuparse el pulgar todo lo que quiera! A nosotros no nos mandan todo el tiempo como a vosotros, los crÃos de Ingleside. ¿Quién te crees que eres?