Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Dovie pasaba parte de sus vacaciones con su tía Ella en Glen; las dos niñas se habían hecho íntimas amigas a pesar de la diferencia de edad. Tal vez porque Nan admiraba a Dovie, que a ella le parecía casi adulta, con esa adoración que necesitamos dar a lo más elevado cuando lo vemos… o creemos verlo. A Dovie le caía bien su pequeño, humilde y adorador satélite.
—No está mal Nan Blythe… sólo que es muy pichoncita —le había dicho a su tía Ella.
Los ojos vigilantes de Ingleside no veían nada malo en Dovie, si bien, como reflexionó Ana, su madre era prima de los Pye de Avonlea, y no se pusieron objeciones a que Nan se hiciera amiga de ella, aunque desde el principio Susan desconfió de esos ojos verdes con sus pestañas doradas. Pero ¿qué se le iba a hacer? Dovie era «bien educada», iba bien vestida, se portaba cortésmente y no hablaba de más. Susan no podía dar razón alguna para su desconfianza, y cerró la boca. Dovie se iría a su casa cuando empezaran las clases, y entretanto no había necesidad de peines de dientes finitos en este caso.