Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Creo que Dovie Johnson me va a contar un secreto —le confió Nan a su madre esa noche cuando le daba el beso de las buenas noches—. Claro que no podré contárselo a nadie, mamá, porque se lo prometÃ. No te importa, ¿verdad, mamá?
—En absoluto —dijo Ana, muy divertida.
Cuando Nan fue al muelle al dÃa siguiente, llevó la sombrilla. «Es mi sombrilla», se dijo. Se la habÃan regalado, de manera que tenÃa todo el derecho del mundo a hacer lo que quisiera con ella. Luego de aquietar su conciencia con este sofisma, se escabulló de la casa cuando nadie pudiera verla. Le dolÃa regalar su preciosa sombrilla, tan alegre, pero para entonces, la desesperación por averiguar lo que Dovie sabÃa se habÃa vuelto demasiado fuerte como para poder resistirse.
—Aquà está la sombrilla, Dovie —dijo, sin aliento—. Ahora cuéntame el secreto.
Dovie se sorprendió. No pensaba que las cosas llegaran tan lejos… ni por un momento habÃa creÃdo que la madre de Nan Blythe le permitiera regalar la sombrilla roja. Apretó los labios.
—No sé si ese tono de rojo me queda bien a la cara, después de todo. Es un poco chillón. Me parece que no te lo voy a contar.