Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Nan tenÃa su carácter y Dovie todavÃa no la habÃa subyugado tanto como para hundirla en una ciega sumisión. Y nada sacaba su carácter a la luz tan rápido como la injusticia.
—¡Un trato es un trato, Dovie Johnson! Tú dijiste: «La sombrilla por el secreto». Aquà está la sombrilla y tú tienes que cumplir con tu promesa.
—Ah, está bien —dijo Dovie, como con hastÃo.
Todo se aquietó de pronto. La brisa se habÃa detenido. El agua dejó de gorgotear alrededor de los postes del muelle. Nan se estremeció por un éxtasis delicioso. Por fin averiguarÃa lo que Dovie sabÃa.
—Tú conoces a Jimmy Thomas, de Harbour Mouth, ¿no? —dijo Dovie—. Jimmy Thomas Seisdedos…
Nan asintió. Claro que conocÃa a los Thomas… al menos, sabÃa de ellos. Jimmy Seisdedos iba a veces a Ingleside a vender pescado. Susan decÃa que nunca podÃa saber si tenÃa buena mercaderÃa. A Nan, el hombre no le gustaba. Era calvo, pero tenÃa un mechoncito de rizos blancos a ambos lados de la cabeza, y nariz roja y ganchuda. Pero ¿qué podÃan tener que ver los Thomas con este asunto?
—¿Y conoces a Cassie Thomas? —prosiguió Dovie.