Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —No tienen por qué saberlo. Di fue a Lowbridge con papá, y a los niños podemos decirles que te alejaste demasiado por el camino a Harbour y te sorprendió la tormenta. Fuiste una tonta al creer a Dovie, pero fuiste una niña muy valiente al ir a ofrecerle a la pobrecita Cassie Thomas lo que tú creÃas que era su lugar. Mamá está muy orgullosa de ti.
La tormenta habÃa pasado. La luna iluminaba un mundo feliz.
«¡Ah, qué contenta estoy de ser yo!», fue lo último que pensó Nan antes de quedarse dormida.
Gilbert y Ana entraron más tarde a contemplar las caritas dormidas, tan dulcemente cerca la una de la otra. Diana dormÃa con las comisuras de la firme boquita apretadas, pero Nan se habÃa quedado dormida sonriendo. Gilbert habÃa escuchado la historia y estaba tan enojado, que era una suerte para Dovie encontrarse a cincuenta kilómetros de distancia. Pero Ana tenÃa remordimientos de conciencia.
—TendrÃa que haber averiguado qué estaba preocupándola. Pero he estado tan ocupada con otras cosas esta semana… cosas que en realidad no tenÃan la menor importancia comparadas con la desdicha de una criatura. Piensa en lo que ha sufrido la pobrecita.