Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Sólo espero que Jem y Walter no se mueran de una pulmonÃa por estar ahà afuera bajo la lluvia, buscándote —dijo Susan, con la dureza de la tensión vivida en la voz.
Nan estaba casi sin aliento. Sólo podÃa jadear, mientras sentÃa los brazos de mamá sosteniéndola.
—Ay, mamá. Soy yo… de verdad, soy yo: No soy Cassie Thomas y nunca volveré a ser nadie más que yo.
—Pobre criatura, está delirando —dijo Susan—. Habrá comido algo que le cayó mal.
Ana bañó a Nan y la acostó antes de dejarla hablar. Entonces sà escuchó toda la historia.
—Ay, mamá… ¿de verdad soy tu hija?
—Por supuesto, mi amor. ¿Cómo pudiste creer que no?
—Nunca creà que Dovie pudiera contarme una mentira… Dovie. Mamá, ¿se puede creer a alguien? Jen Penny le contó unas historias horribles a Di…
—Ésas son dos niñas de entre todas las que conocéis, mi amor. Ninguna de tus amiguitas te ha contado nunca nada que no fuera cierto. Hay gente asà en el mundo, adultos lo mismo que niños. Cuando seas un poquito mayor sabrás «separar el trigo del heno».
—Mamá, me gustarÃa que Walter, Jem y Di no supieran lo tonta que he sido.