Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Se sacaron los cobertores a la amplia galerÃa y todo el mundo estuvo ocupado con manos y lenguas. Ana y Susan estaban en la cocina, atareadas en la preparación de la comida, y Walter —que ese dÃa no habÃa ido a la escuela por un leve dolor de garganta— estaba sentado en los escalones de la galerÃa, oculto a la vista de las costureras por una cortina de ramas. A él siempre le gustaba escuchar las conversaciones de los grandes. DecÃan cosas tan sorprendentes, tan misteriosas… cosas en las que uno después podÃa pensar y con las que se podÃa bordar un tapiz de historias, cosas que reflejaban los colores y las sombras, las comedias y las tragedias, los júbilos y las penas, de cada familia de Cuatro Vientos.