Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Las costureras todavía no se habían puesto a hablar… comentaron sobre el tiempo y decidieron si coserían en abanico o en rombos, de modo que Walter pensaba en la belleza del día maduro, del inmenso parque con sus árboles maravillosos, y en el mundo, que parecía haber sido abrazado por un Gran Ser de brazos dorados. Las hojas manchadas caían lentamente, pero las señoriales malvarrosas seguían vivaces contra el muro de ladrillo, y los álamos tejían su embrujo a lo largo del sendero hasta el granero. Walter estaba tan absorto en la belleza que lo rodeaba, que la conversación de las costureras estaba en lo mejor cuando retomó la conciencia gracias a un comentario de la señora de Simon Millison.
—Esa familia fue famosa por sus sensacionales funerales. ¿Alguna de ustedes, si estuvo presente, podría jamás olvidar lo que pasó en el funeral de Peter Kirk?
Walter aguzó los oídos. Esto sonaba interesante. Pero, para decepción suya, la señora Millison no siguió contando qué había sucedido. O todas habían estado en el funeral o ya habían escuchado la historia.
(Pero ¿por qué parecen todas tan incómodas?).
—No hay duda de que todo lo que dijo Clara Wilson de Peter era cierto, pero está muerto y enterrado, pobre hombre, así que dejémoslo descansar en paz —dijo la señora de Tom Chubb, muy virtuosamente, como si alguien hubiera propuesto exhumarlo.