Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —La vieja casa de los Truax, en el puerto, estuvo embrujada durante años… se oĂan golpes y ruidos todo el tiempo… fue muy misterioso —dijo Christine Crawford.
—Todos los Truax han tenido mala digestión —dijo la señora Baxter.
—Claro que si una no cree en fantasmas, esas cosas no ocurren —dijo la señora MacAllister, enfurruñada—. Pero mi hermana trabajaba en una casa en Nova Scotia, que estaba embrujada por carcajadas.
—¡QuĂ© fantasma tan simpático! —dijo Myra—. A mĂ no me molestarĂa.
—SerĂan bĂşhos —dijo la decididamente escĂ©ptica señora Baxter.
—Mi madre vio ángeles junto a su lecho de muerte —dijo Agatha Drew con aire de lastimero triunfo.
—Los ángeles no son fantasmas —dijo la señora Baxter.
—Hablando de madres, ÂżcĂłmo está tu tĂa Parker, Tillie? —preguntĂł la señora Chubb.
—Muy mal por Ă©pocas. No sabemos quĂ© va a resultar de esto. Nos tiene a todos en vilo… sobre la ropa de invierno, digo. Pero el otro dĂa yo le dije a mi hermana, cuando estábamos hablando del tema, «hagámonos vestidos negros, de todos modos —le dije—, y entonces no importa quĂ© puede suceder».