Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Era realmente como las que una ve en las revistas —dijo la señora de Millison, con un suspiro—. Yo cocino tan bien como cualquiera, si se me permite decirlo, pero no puedo arreglar una mesa con el menor prestigio de estilo. Pero ese niño Walter, qué palmada le habrÃa dado. ¡El susto que me pegó!
—Y supongo que Ingleside ha quedado sembrado de reputaciones muertas —decÃa el doctor.
—Yo no cosà —dijo Ana, de modo que no oà lo que decÃan.
—Tú nunca las oyes, querida —dijo la señorita Cornelia—. Cuando tú estás con un cobertor, ellas no se dejan llevar por el entusiasmo. Piensan que no te gustan los chismes.
—Todo depende de qué clase de chisme —dijo Ana.