Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Bueno, nadie dijo nada demasiado terrible hoy. Casi todos los mencionados están muertos… o tendrÃan que estarlo —dijo la señorita Cornelia, recordando con una sonrisa el cuento del funeral abortado de Abner Cromwell—. Sólo que la señora Millison tuvo que traer esa espantosa y vieja historia del asesinato de Madge Carey. Yo lo recuerdo todo no hubo la menor prueba de que Madge lo hubiera asesinado… excepto que un gato se murió después de tomar un poco de la misma sopa. El animal hacÃa una semana que estaba enfermo. Si me piden mi opinión, Roger Carey murió de apendicitis… aunque, en esa época nadie sabÃa lo que eran los apéndices.
—Y de verdad, a mà me parece que es una gran lástima que lo hayan averiguado —dijo Susan—. Las cucharas están todas, mi querida señora, y no le pasó nada al mantel.
—Bueno, tengo que irme a mi casa —dijo la señorita Cornelia—. La semana próxima, cuando Marshall mate al cerdo, te mandaré unas costillas.