Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside El aire estaba espeso con el perfume de las flores que rodeaban el féretro… para Peter Kirk, que no se había enterado en vida de que existía algo llamado «flores». Su logia había mandado una corona; la iglesia, otra; la Asociación Conservadora, otra; los administradores de la escuela, otra; la Cámara de Queseros, otra. Su único hijo, alejado de él desde hacía tiempo, no había mandado nada, pero la familia Kirk había enviado una inmensa ancla de rosas blancas con la frase «Por fin a puerto» dibujada con pimpollos de rosas rojas. Y había una de Olivia: un rectángulo de lirios. Camilla Blake hizo una mueca cuando la vio, y Ana recordó haberle oído decir una vez a Camilla que ella había estado en Kirkwynd poco después del segundo matrimonio de Peter, cuando éste tiró por la ventana una maceta con una planta de lirios que la novia había llevado. No iba a tener la casa atiborrada de hierbajos, había dicho.
Al parecer, Olivia se lo había tomado con toda calma y no había habido más lirios en Kirkwynd. ¿Era posible que Olivia…? Pero Ana miró el rostro plácido de la señora Kirk, y desechó la sospecha. Después de todo, era por lo general el florista quien sugería las flores.