Ana la de Ingleside

Ana la de Ingleside

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El coro cantó La muerte, como un mar estrecho, divide esa tierra celestial de la nuestra, y Ana sorprendió la mirada de Camilla y supo que las dos se preguntaban cómo encajaría Peter Kirk en esa tierra celestial. Ana casi podía oír a Camilla diciendo: «Imagínense, si se atreven, a Peter Kirk con arpa y aureola».

El reverendo Owen leyó un capítulo y una oración, con muchos «Oh» y muchas súplicas para que se consolaran los corazones doloridos. El ministro de Glen dirigió una alocución que muchos, en privado, consideraron excesivamente lisonjera, aun admitiendo que se tiene que decir algo bueno de los muertos. Oír que se llamaba a Peter Kirk padre amante y tierno esposo, vecino amable y buen cristiano era, sintieron, abusar del lenguaje. Camilla se refugió detrás del pañuelo, para no llorar, y Stephen MacDonald carraspeó una o dos veces. La señora Blake parecía haber conseguido pañuelo prestado, pues lloraba sobre uno, pero los ojos azules y bajos de Olivia permanecían secos.

Jed Clinton exhaló un hondo suspiro de alivio. Todo había salido a las mil maravillas. Otro himno, el desfile de costumbre para la última mirada a «los despojos fúnebres», y otro exitoso funeral que se agregaba a su larga lista.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker