Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Después, habÃa toda una multitud de niños y niñas en la esquina de Russell. TenÃa que pasar junto a ellos. Era espantoso sentir que los ojos de todos se clavarÃan en ella y luego se mirarÃan entre sÃ. Avanzó, con un orgullo tan desesperado, que todos pensaron que era una presumida y que habÃa que bajarle los humos. ¡Ya le enseñarÃan a esa carita de gato! ¡Una presumida, como todas las niñas de Ingleside! ¡Sólo porque vivÃan en la casa grande!
Millie Flagg se puso a caminar detrás de ella, imitándole la manera de caminar y levantando nubes de polvo sobre las dos.
—¿Adónde va esa cesta que lleva a esa niña? —gritó el «Pegajoso» Drew.
—Tienes la cara tiznada, cara de bizcocho —se burló Bill Palmer.
—¿No tienes lengua? —preguntó Sarah Warren.
—¡Piojo! —se burló Beenie Bentley.
—Mantente a tu lado del camino o te voy a hacer comer un escarabajo —dijo el grandote de Sam Flagg, dejando de masticar una zanahoria cruda el tiempo suficiente para hablar.
—Se está poniendo colorada —se rió Mamie Taylor.
—Seguro que llevas una torta a la iglesia presbiteriana —dijo Charlie Warren—. La mitad ha de ser masa, como todas las tortas de Susan Baker.