Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Rilla miraba lastimeramente, incapaz de pronunciar palabra. La señorita Emmy llevaba una torta; por lo tanto, no podía ser una vergüenza llevar una torta, Y ella, ¡ay!, ¿qué había hecho? Había tirado la preciosa torta de oro y plata de Susan al arroyo, y había perdido la oportunidad de caminar hasta la iglesia con la señorita Emmy, las dos llevando sus tortas.