Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Gracias, señor Fyfe, muy bien estoy.
¿Y cómo está usted, mi señor?
Otro podía ser:
Sí, es un día muy bonito.
Ideal para pasear un poquito.
No hay manera de saber qué habría dicho la señora de Morton Kirk de haberse enterado de que Nan Blythe se negaba a ir a su casa —en el supuesto caso de que algún día fuera invitada— porque había una huella roja en el umbral de su puerta. Y su cuñada, la plácida y gentil Elizabeth Kirk, no soñaba que en realidad ella se había quedado soltera porque su novio había caído muerto frente al altar justo cuando iba a comenzar la ceremonia religiosa.
Era todo muy divertido e interesante, y Nan nunca perdía de vista el límite entre realidad y fantasía hasta que fue poseída por la Dama de los Ojos Misteriosos.