Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Ese gato es muy buen cazador —dijo Thomasine—. Este lugar está lleno de ratas. Pero me resguarda de la lluvia y me harté de vivir con parientes. No podÃa decir esta boca es mÃa. Me mandaban todo el tiempo, como si yo fuera una basura. La esposa de Jim era la peor. Se quejó porque una noche yo le estaba haciendo muecas a la luna. Bueno, ¿y? ¿A la luna le hacÃa daño? Asà que me dije: «No voy a ser un felpudo». Y me vine aquà sola y aquà me quedaré mientras pueda usar las piernas. Bueno, ¿qué te sirvo? Puedo hacerte un emparedado de cebolla.
—No… no, gracias.
—Son muy buenos cuando una está resfriada. Yo me comà uno, ¿ves qué ronca estoy? Pero me ato un pedazo de franela roja embadurnada en trementina y grasa de ganso alrededor de la garganta cuando me voy a acostar. No hay nada mejor.
¡Franela roja y grasa de ganso! Para no hablar de la trementina.
—Si no quieres un emparedado, ¿segura que no quieres?, voy a ver qué tengo en la lata de las galletitas.
Las galletitas, cortadas en forma de gallitos y patos, eran sorprendentemente buenas y se deshacÃan en la boca. La señora Fair le dirigió una amplia sonrisa a Nan hasta con los redondos y desvaÃdos ojos.