Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Delilah entendió la mirada de Diana y una expresión herida le apareció en el rostro; sus ojos azules parecieron llenársele de lágrimas.
—Si la quieres a ella, no puedes quererme a mÃ. Elige entre las dos —dijo, extendiendo dramáticamente las manos. Su voz era más conmovedora que nunca; un escalofrÃo le corrió a Diana por la espalda. Puso las manos sobre las de Delilah y se miraron a los ojos, solemnemente, sintiéndose juramentadas. Al menos, eso sintió Diana.
—Me vas a querer para siempre, ¿verdad? —preguntó Delilah, apasionadamente.
—Para siempre —juró Diana con la misma pasión.
Delilah rodeó la cintura de Diana con los brazos y asà pasearon juntas hasta el arroyo. El resto de la clase de cuarto grado entendió que una alianza acababa de nacer. Laura Carr exhaló un pequeño suspiro. A ella le habÃa gustado mucho Diana Blythe. Pero sabÃa que no podÃa competir con Delilah.
—Estoy tan contenta de poder quererte… —decÃa Delilah—. Yo soy muy afectuosa, no puedo evitar querer a la gente. Por favor, sé buena conmigo, Diana. Yo soy hija de la desdicha. Me echaron una maldición cuando nacÃ. Nadie… nadie me quiere.