Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Bueno, tiene que comer con él. Y él se sienta a comer sin zapatos y en mangas de camisa. Delilah dice que ahora no le importan esas cosas porque me tiene a mÃ, que la quiero. No tiene a nadie que la quiera, más que a mÃ, Susan.
—¡Qué espantoso! —dijo Susan, con la cara muy seria.
—Delilah dice que si tuviera un millón de dólares, me lo darÃa todo a mÃ, Susan. Claro que yo no lo aceptarÃa, pero eso demuestra qué buen corazón tiene.
—Es tan fácil regalar un millón como cien dólares, si no tienes ninguna de las dos cantidades.
Fue lo más que pudo decir Susan.