Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —¿No vamos a dormir en la cama del cuarto de huéspedes? —preguntó Diana cuando llegó la hora de irse a dormir—. Siempre alojamos a la visita en el cuarto de huéspedes, Susan.
—Tu tÃa Diana viene mañana por la noche con tu padre y tu madre —dijo Susan—. Ya preparé el cuarto de huéspedes para ella. Y en tu cama puedes dormir con Camarón, lo que no podrÃas hacer en el cuarto de huéspedes.
—¡Ah, qué rico olor tienen estas sábanas! —dijo Delilah cuando se acostaron.
—Susan siempre las hierve con raÃz de lirio de Florencia —dijo Diana.
Delilah suspiró.
—Me pregunto si sabrás la suerte que tienes, Diana. Si yo tuviera una casa como la tuya… pero es mi destino en la vida. Tengo que soportarlo.
En su ronda nocturna antes de irse a su cuarto, Susan fue a decirles que se dejaran de charlar y se durmieran.
Les dio dos bollos de azúcar de arce a cada una.
—Nunca olvidaré su bondad, señorita Baker —dijo Delilah, con un temblor en la voz de la emoción.