Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Ha sido un gran placer volver a verte, Ana. Casi como en los viejos tiempos.
—Casi —dijo Ana.
—Pero le decÃa a Gilbert que se lo ve un poco cansado. TendrÃas que cuidarlo más, Ana. Hubo un tiempo, tú lo sabes, en el cual yo estaba de verdad muy interesada en este esposo tuyo. Creo que fue el mejor enamorado que he tenido jamás. Pero debes perdonarme, ya que no te lo quité.
Ana volvió a paralizarse.
—Tal vez él esté lamentando que no lo hayas hecho —dijo, con un aire de reina que no era desconocido para la Christine de la época de Redmond. Y subió al carruaje del doctor Fowler, que los llevarÃa a la estación.
—¡Qué graciosa! —dijo Christine, encogiendo sus hermosos hombros. Se quedó mirándolos como si algo la divirtiera profundamente.