Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Ah, gracias, gracias. Eso es algo que sólo una esposa puede decir. Para devolverte el cumplido, para mà estabas más guapa que de costumbre, Ana, a pesar de ese vestido. TenÃas un poco de color y los ojos con un brillo… ¡Ah, qué placer! No hay nada como la cama cuando uno está destrozado. Hay otro versÃculo en la Biblia… ¡qué extraño cómo lo que uno aprende en la escuela dominical vuelve a aparecerse durante toda la vida!… «Me acostaré en paz y dormiré». En paz… y dormiré… buenas noches.
Gilbert estaba dormido casi antes de terminar de hablar. ¡QueridÃsimo Gilbert, tan cansado! Que nacieran niños o no, nadie interrumpirÃa su descanso esa noche. El teléfono podÃa sonar hasta quedarse ronco.