Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Uno tiene que decir cosas amables. La civilización no puede existir sin un poquito de hipocresÃa. Ah, Christine no es mala, aunque no pertenezca a la raza de José. No es culpa suya quedarse sin su parte de la sal de la Tierra. ¿Qué es esto?
—Mi recuerdo de nuestro aniversario para ti. Y me tienes que dar un centavo; no quiero correr riesgos. ¡El tormento por el que he pasado esta noche! Estaba muerta de celos de Christine.
Gilbert pareció sinceramente asombrado. Jamás se le habÃa ocurrido que Ana pudiera estar celosa de nadie.
—Pero, Ana, nenita, jamás pensé que pudieras ponerte celosa.
—Pero sÃ. Y hace unos años, estaba loca de celos por tu correspondencia con Ruby Gillis.
—¿Yo me escribà alguna vez con Ruby Gillis? Me habÃa olvidado. ¡Pobre Ruby! Pero ¿y qué me dices de Roy Gardner? El muerto se asusta del degollado.
—¿Roy Gardner? Philippa me escribió no hace mucho y me dijo que lo habÃa visto y que está francamente corpulento. Gilbert, el doctor Murray ha de ser muy eminente en su profesión, pero parece un palo, y el doctor Fowler parecÃa un bollo. Tú estabas tan guapo, tan Ãntegro al lado de ellos.