Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Vete y deja de seguirme todo el tiempo —le dijo a Nan, que habĂa salido a estar con Ă©l cuando ya se habĂan ido mamá y papá.
—¡Cascarrabias! —dijo Nan. Pero antes de irse corriendo dejĂł sobre el escalĂłn, junto a Ă©l, el rojo caramelo con forma de leĂłn, que le habĂa traĂdo.
Jem lo ignorĂł. Se sentĂa más maltratado que nunca. No lo trataban bien. Todos lo atormentaban. ÂżNo habĂa dicho Nan, esa misma mañana: «TĂş no naciste en Ingleside, como el resto de nosotros?». Antes del mediodĂa, Di se habĂa comido su conejito de chocolate, aun sabiendo que era suyo. Hasta Walter lo habĂa abandonado, para irse a cavar pozos en la arena con Ken y Persis Ford. ¡QuĂ© divertido! Y a Ă©l le habrĂa gustado tanto ir con Bertie a ver el tatuaje… Jem estaba seguro de que en toda su vida habĂa deseado algo tanto como esto. QuerĂa ver el maravilloso barco que Bertie decĂa que habĂa en la repisa del hogar del capitán Bill. Era una lástima espantosa, eso era.