Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Susan le llevó un gran pedazo de torta cubierta con azúcar de arce y nueces, pero Jem había dicho «No, gracias», estoicamente. ¿Por qué Susan no le había guardado un poco del pan de jengibre con crema batida? Seguro que los demás se lo habían comido todo. ¡Cerdos! Se hundió en un pozo más profundo de pesar. Sus amigos ya estarían de camino a Harbour Mouth. No podía soportar ni el pensarlo. Tenía que hacer algo para vengarse. ¿Y si le hacía tajos a la jirafa de serrín de Di sobre la alfombra de la sala? Susan se volvería loca si lo hacía. Susan, con sus nueces, cuando sabía muy bien que él odiaba las nueces en las tortas. ¿Y si le dibujaba un bigote a la imagen del querubín en el calendario del cuarto de Susan? Él siempre había odiado ese querubín gordo, rosado y sonriente porque era idéntico a Sissy Flagg, que había dicho en toda la escuela que Jem Blythe era su novio. ¡Su novio! ¡El novio de Sissy Flagg! Pero a Susan el querubín le parecía precioso.
¿Y si le arrancaba el cuero cabelludo a la muñeca de Nan? ¿O le quebraba la nariz a Gog o a Magog… o a los dos? Tal vez así mamá se diera cuenta de que él ya no era un niño pequeño. Que esperara a que llegara la primavera. Él le había traído anémonas durante años y años y años, desde que tenía cuatro, pero la primavera siguiente no le traería. ¡No, señor!