Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —No puedo… no puedo contestar, Susan —dijo Ana en un susurro.
—Yo tampoco puedo —dijo Susan, sin más. Se odiarÃa toda la vida por dar muestras de semejante debilidad ante Mary MarÃa Blythe, pero no podÃa evitarlo. Dos horas de una búsqueda llena de terror y fantasÃas distorsionadas habÃan convertido a Susan en una ruina.
La tÃa Mary MarÃa avanzó hacia el teléfono y levantó el auricular. Sus rizos dibujaron una silueta con cuernos contra la pared, y a pesar de su angustia, Susan pensó que le habÃan dado el aspecto de Satanás en persona.
—Carter Flagg dice que han buscado por todas partes pero todavÃa no hay señales de él —informó la tÃa Mary MarÃa con frialdad—. Pero dice que el bote está suelto en medio del estanque y que no se ve a nadie dentro, hasta donde pueden ver. Van a dragar el estanque.
Susan sostuvo a Ana justo a tiempo.
—No… no… no me voy a desmayar, Susan —dijo Ana a través de unos labios blancos—. Ayúdeme a llegar a una silla… gracias. Tenemos que encontrar a Gilbert.
—Si James se ha ahogado, Anita, debes recordar que se ha salvado de mucho sufrimiento en este desdichado mundo —dijo la tÃa Mary MarÃa a manera de consuelo.