Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Voy a traer la linterna para volver a buscar por fuera —dijo Ana apenas pudo ponerse de pie—. SÃ, Susan, ya sé que usted ya lo hizo, pero déjeme… déjeme. No puedo quedarme sentada esperando.
—Entonces, póngase un suéter, mi querida señora. Hay mucho rocÃo y el aire está húmedo. Voy a traerle el suéter rojo… Está colgado en una silla en el dormitorio de los muchachos. Espere aquà a que se lo traiga.
Susan corrió escaleras arriba. Unos minutos después, algo que podrÃa describirse como un alarido resonó en Ingleside. Ana y la tÃa Mary MarÃa subieron corriendo y arriba encontraron a Susan riendo y llorando en el hall, más cerca de la histeria de lo que Susan Baker habÃa estado jamás en toda su vida…, o volverÃa a estar.
—Mi querida señora… ¡está ahÃ! El pequeño Jem está ahÃ… dormido en el asiento de la ventana, detrás de la puerta. No se me ocurrió fijarme ahÃ, la puerta lo ocultaba, y como no estaba en la cama…