Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Walter tampoco estaba muy seguro de que en realidad quisiera ir a Lowbridge. Algunas visitas eran espléndidas. Un viaje a Avonlea, por ejemplo… ¡ah, eso sà que era divertido! Y pasar la noche con Kenneth Ford en la antigua Casa de los Sueños era todavÃa más divertido… aunque eso no podÃa considerarse una visita, porque la Casa de los Sueños siempre habÃa sido una especie de segundo hogar para los chiquillos de Ingleside. Pero ir a Lowbridge dos semanas enteras, entre extraños, era un asunto muy diferente. Sin embargo, parecÃa cosa decidida. Por alguna razón que Walter no alcanzaba a comprender, papá y mamá estaban contentos con el plan. «¿Querrán deshacerse de todos sus hijos?», se preguntó Walter con inquietud. Jem no estaba, pues se lo habÃan llevado a Avonlea hacÃa dos dÃas, y él habÃa oÃdo a Susan haciendo misteriosos comentarios sobre «enviarle las mellizas a la señora de Marshall Elliott cuando llegara el momento». ¿Qué momento? La tÃa Mary MarÃa parecÃa muy sombrÃa por algo y se la habÃa oÃdo decir que «ojalá todo hubiera terminado ya». ¿Ojalá que qué hubiera terminado? Walter no tenÃa idea. Pero habÃa algo extraño en el aire en Ingleside.
—Lo llevaré mañana —dijo Gilbert.
—Mis hijos estarán muy entusiasmados —dijo la señora Parker.
—Es muy gentil de su parte, de verdad —dijo Ana.