Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —No puedo casarme con Billy —dijo Ana con decisión. Se habÃa recobrado por completo y hasta se sentÃa ligeramente enfadada. ¡Era todo tan ridÃculo!—. Es inútil pensarlo, Jane. No siento nada por él en cuanto a eso, y tú debes decÃrselo asÃ.
—Bueno, eso es lo que yo pensaba —dijo Jane con un suspiro de resignación, convencida de que habÃa hecho todo lo posible—. Le dije a Billy que era perder el tiempo hablarte, pero insistió. Bueno, ya te has decidido y espero que no tengas que arrepentirte.
Jane habló con cierta frialdad. SabÃa perfectamente que el enamorado Billy no tenÃa posibilidad alguna de que Ana accediera a casarse con él; sin embargo, estaba un poco resentida por el hecho de que una simple huérfana que no tenÃa donde caerse muerta rechazara a su hermano, uno de los Andrews de Avonlea. «Bueno, el orgullo es mal consejero», reflexionó ominosamente.
Ana se permitió sonreÃr en la oscuridad ante la idea de que alguna vez pudiera arrepentirse de no haberse casado con Billy Andrews.
—Espero que Billy no se apene mucho —dijo amablemente. Jane hizo un movimiento como si sacudiera la cabeza apoyada en las almohadas.