Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Si Priscilla y tú estáis de acuerdo, podrÃais empezar a buscar una casa. SerÃa mejor que dejarlo todo para el otoño. Si podéis encontrar una casa amueblada, tanto mejor. Si no, ya encontraremos muebles en los desvanes de las casas de la familia y de los amigos. De todos modos, decidÃos pronto y escribidme, de modo que la tÃa Jamesina pueda preparar sus planes para el año que viene.
—Creo que es una buena idea —dijo Priscilla.
—Yo también —asintió Ana, encantada—. Aquà tenemos una hermosa pensión, pero con el correr del tiempo uno llega a extrañar su propio hogar. De modo que podrÃamos empezar a buscar casa ahora mismo, antes de que comiencen los exámenes.
—Temo que será bastante difÃcil conseguir una —previno Priscilla—. No te ilusiones demasiado, Ana. Las que nos gusten estarán seguramente fuera de nuestro alcance. Es probable que tengamos que conformarnos con alguna «andrajosa», en un barrio donde viven gentes desconocidas, y que tendremos que hacer que la vida interior compense la exterior.