Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Desde luego que sÃ. Tú solÃas escribirlos, y muy emocionantes, en nuestro Club de Cuentos.
—Bueno, no me referÃa a uno de aquéllos —dijo Ana sonriente—. Lo he pensado mucho últimamente, pero tengo un poco de miedo. SerÃa muy humillante el fracaso.
—Una vez oà decir a Priscilla que los primeros cuentos de la señora Morgan fueron rechazados. Pero estoy segura de que con los tuyos no ocurrirá eso, Ana. Los editores, creo yo, son ahora más sensatos.
—Margaret Burton, una de las muchachas del segundo año de Redmond, escribió un cuento el invierno pasado y se lo publicó el Canadian Woman. Yo me creo capaz de escribir otro tan bueno.
—¿Y te lo publicará esa revista?
—Probaré primero en una de las revistas más grandes. Todo depende de la clase de cuento que escriba.
—¿Y sobre qué tema?
—Aún no lo sé. Quiero tener un buen argumento. Creo que eso es imprescindible desde el punto de vista de un editor. Lo único que tengo decidido es el nombre de la heroÃna. Será Averil Lester. Bonito, ¿no es cierto? Sólo se lo he contado al señor Harrison y a ti. Él se mostró desalentador, me dijo que hay ya muchas tonterÃas escritas y que esperaba algo mejor de mà después de un año de universidad.