Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —A menos que lo reformaras.
—No serÃa romántico, y además alegrarÃa demasiado la historia.
—Bueno, de cualquier modo es un cuento muy bueno, Ana, y estoy segura de que te hará famosa. ¿Ya tienes el tÃtulo?
—Hace tiempo que lo he encontrado. Se llama «El sacrificio de Averil». ¿No suena hermoso y literario? Ahora, dime sinceramente, Diana, ¿encuentras algún fallo?
—Bueno —dudó Diana—, la escena en que Averil hace el pastel no me parece suficientemente romántica. Es algo que podrÃa hacer cualquiera. Yo creo que las heroÃnas no deberÃan cocinar.
—Bueno, ésa es la parte humorÃstica, y además una de las mejores de todo el cuento —respondió Ana. Y debemos reconocer que el tiempo se encargó de darle la razón.
Diana refrenó prudentemente cualquier otra observación, pero el señor Harrison fue mucho más difÃcil de complacer. Comenzó por decir que en la historia habÃa demasiadas descripciones.
—Suprime todos los pasajes floridos —pidió despiadadamente.