Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana tuvo la incómoda convicción de que el señor Harrison tenía razón y se comprometió a podar la mayoría de sus bienamadas descripciones; a pesar de lo cual fueron necesarias tres nuevas revisiones para que la historia resultara finalmente aprobada por el fastidioso señor Harrison.
—He suprimido todas las descripciones menos la del atardecer —dijo Ana por fin—. Simplemente no pude quitarla. Era la mejor de todas.
—No tiene nada que ver con la historia; además, ¿por qué transcurre la acción entre la gente rica de la ciudad? ¿Qué sabes tú de ella? La historia debió suceder aquí, en Avonlea. Claro que cambiando los nombres, pues de lo contrario la señora Rachel Lynde pensaría con toda seguridad que ella es la heroína.
—¡Oh, eso sí que no! —protestó Ana—. Avonlea es el lugar más hermoso del mundo, pero no tiene el romanticismo necesario para ser cuna de una historia de amor.
—Yo diría más bien que hay demasiado romance en Avonlea… y demasiada tragedia también —dijo el señor Harrison secamente—. Pero tus personajes no son reales, sean de donde sean. Hablan demasiado y usan un lenguaje muy florido. Hay una escena en la que ese muchacho Dalrymple habla por lo menos dos páginas, sin dejar decir una palabra a la chica. En la vida real ella lo habría enviado al infierno.