Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Ana, ¿qué vas a hacer conmigo? —preguntó, en un murmullo.
—Nada, querido. Creo que ya has tenido suficiente castigo.
—No, no me han hecho nada.
—Has estado muy triste desde que lo hiciste, ¿no es cierto?
—Tú lo has dicho.
—Pues era tu conciencia que te estaba castigando, Davy.
—¿Qué es mi conciencia? Quiero saberlo.
—Es algo que está dentro de ti, que te dice cuándo has hecho algo malo y te hace sufrir si persistes en ello. ¿Lo has notado?
—SÃ, pero no sabÃa qué era. SerÃa mejor no tenerla, porque estropea toda la diversión. ¿Dónde está mi conciencia, Ana? Quiero saber. ¿Está en mi estómago?
—No, en tu alma —respondió Ana dando gracias a la oscuridad, que le permitÃa aparentar seriedad.
—Supongo que entonces no me puedo librar de ella —dijo Davy, con un suspiro—. ¿Vas a contar a Marilla y a la señora Lynde todo lo que he hecho?
—No, querido. No se lo diré a nadie. Estás triste por haberte portado mal, ¿no es cierto?
—¡Tú lo has dicho!
—¿Y nunca volverás a portarte as�