Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Davy se hallaba nuevamente junto a su lecho. Ana entreabrió los ojos.
—¿Qué pasa ahora, querido? —preguntó, tratando de ocultar su impaciencia.
—Ana, ¿has notado cómo escupe el señor Harrison? ¿Crees que si practico mucho podré hacerlo asà yo también? —Ana se incorporó—. Davy Keith. Vete derecho a tu cama. Y que no vuelva a pescarte levantado esta noche. ¡Vete, he dicho! —Davy salió corriendo sin preguntar razones.