Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —SÃ, lo sé —respondió Ana en voz baja—. Querida Ruby, lo sé.
—Todos lo saben —continuó ésta amargamente—; yo lo supe este verano aunque no querÃa resignarme. ¡Oh, Ana! —dijo incorporándose y tomando la mano de su amiga, como si rogara—. ¡No quiero morir! Tengo miedo de morir.
—¿Por qué tienes miedo de morir, Ruby?
—Porque… porque… lo que me asusta no es morir, sino ir al cielo. Soy creyente y sé que iré allÃ. Pero… ¡será tan distinto! ¡Pienso… y pienso… y me asusto tanto! El cielo ha de ser hermoso, sin duda; la Biblia lo dice; Pero, Ana, no seré allà lo que he sido siempre.