Ana la de La Isla

Ana la de La Isla

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La tía Jamesina llegó a «La Casa de Patty» cuando ya las muchachas la habían puesto en condiciones. La señorita Patty envió la llave a Ana con una carta donde le comunicaba que Gog y Magog estaban en una caja, debajo de la cama del cuarto de huéspedes, pero que podía sacarlos de allí cuando quisiera; en una posdata manifestaba su esperanza de que las muchachas colgasen con cuidado los cuadros; la sala había sido empapelada cinco años atrás y la señorita Mary no quería más agujeros de los necesarios en el nuevo papel. Para todo lo demás confiaba en Ana.

¡Qué bien lo habían pasado poniendo en orden su nuevo hogar! Como dijo Phil, fue algo tan bueno como casarse. Podían gozar de toda la alegría de preparar un hogar sin preocuparse por el marido. Todas llevaron algo para adornar la casa o hacerla más confortable. Pris, Phil y Stella contribuyeron con chucherías y cuadros que colgaron de acuerdo con el gusto de cada cual, haciendo caso omiso del nuevo empapelado de la señorita Patty.

—Taparemos los agujeros cuando nos vayamos; nunca lo sabrá, querida —contestaban, ante las protestas de Ana.

Diana había regalado a su amiga un cojín y la señorita Ada les regaló otro totalmente bordado. Marilla les envió una gran caja con frutas el Día de Acción de Gracias y la señora Lynde le regaló una manta acolchada y le dejó en préstamo otras cinco.


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