Ana la de La Isla

Ana la de La Isla

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Le dieron de comer y lo dejaron fuera. Por la mañana aún estaba allí. Y en el umbral quedó, saltando dentro cada vez que abrían la puerta. Ninguna fría acogida tenía efecto sobre él, ni prestaba atención a nadie, fuera de Ana. Las muchachas, apiadadas, lo cuidaron durante una semana, al final de la cual decidieron que algo debía hacerse. El aspecto del gato había mejorado.

Su ojo y su quijada habían vuelto a su aspecto normal; ya no estaba tan flaco, y le habían visto lavarse la cara.

—Pero no podemos quedarnos con él —dijo Stella—; la tía Jamesina llegará la semana que viene y traerá consigo a la gata Sarah. No podemos tener dos gatos; y este Rusty pelearía todo el tiempo con Sarah. Es luchador por naturaleza. Tuvo una terrible gresca anoche con el gato del rey del tabaco y lo venció.

—Tenemos que deshacernos de él —agregó Ana, mientras miraba sombríamente al objeto de la discusión, que ronroneaba sobre la alfombra con aire inocente—. Pero la cuestión es cómo lo haremos. ¿Cómo pueden cuatro indefensas mujeres deshacerse de un gato que no quiere irse?

—Podríamos darle cloroformo —sugirió Phil—. Es la forma más humana.

—¿Quién de nosotras sabe algo sobre cloroformar gatos? —preguntó Ana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker