Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Toda la «pandilla» estaba allí, llena de alegría. Diana Barry, rosada y pecosa, a quien Fred seguía como una sombra; Jane Andrews, pulcra, sensata y sencilla; Ruby Gillis, más hermosa y llamativa con su blusa color crema y unos geranios rojos en su dorada cabellera; Gilbert Blythe y Charlie Sloane, tratando de acercarse lo más posible a la escurridiza Ana; Carrie Sloane, pálida y melancólica, porque su padre no dejaba que Oliver Kimball se le acercara; Moody Spurgeon MacPherson, cuya cara redonda y defectuosos oídos seguían tan redonda y defectuosos como siempre, y Bill Andrews, que pasó toda la noche sentado en un rincón tartamudeando cuando alguien le hablaba y observando a Ana Shirley con mirada embelesada.